setiembre 06, 2008

La Escuela de los Valores.

Hace algún tiempo, un par de años quizás, estaba convencido de saber o tener una idea muy aproximada de lo que el país necesitaba para lograr crecer como todos esperábamos. Escribí por ahí un par de artículos donde hacía explícito mi malestar sobre lo poco que se atendía, por ejemplo, a la innovación tecnológica como pilar del crecimiento sostenido de nuestra economía. En esos días, yo gritaba a todos los vientos que había que emprender, desarrollar tecnologías innovadoras, dar espacios y apoyar a los soñadores y visionarios porque ellos nos llevarían a donde todos queríamos.

Quizás hoy sigo pensando así, pero ahora, con los pies un poco más puestos en la tierra, creo que antes de ponerse a idear todo un plan de acción para formar emprendedores, o innovadores, o soñadores, se necesita arreglar un problema de fondo, muy de fondo y propio de nuestra cultura, que intentaré explicar a continuación.

¿Qué ocurre si esos emprendedores, jóvenes en muchas ocasiones, o esos soñadores, o todos quienes siendo apalancados por la máquina de las tecnologías llegan a una situación de bonanza económica y de poder, sin tener los valores necesarios ni la educación integral necesaria para una vez arriba mantenerse sin caer en las típicas tentaciones del poder y el dinero?

¿Qué ocurre cuando un país está en manos de dirigentes y políticos que carecen de una educación valórica sólida y persistente que impida que caigan tan fácilmente en la corrupción, las mentiras, los fraudes, los escándalos y la ley del mínimo esfuerzo?

¿Qué ocurrirá a futuro con una nación que no está preocupada en lo más mínimo de la formación valórica de sus niños y jóvenes?

¿Qué le sucede a un país que no hace ningún esfuerzo por recordar a su sociedad los valores sobre los cuales fue creado?

¿Qué pasa con la delincuencia si no se hace cosa alguna por infundir en los niños desde pequeños la importancia de los valores a nivel familiar y escolar?

Estos cuestionamientos y muchos otros similares me han hecho reflexionar durante algunos meses. Es claro que no sacamos en absoluto cosa alguna si todo lo que con mucho esfuerzo hacemos para mejorar el país pasa a manos de personas que no actúan según un pensamiento valórico.

Cuántas veces escucho a la gente decir “es que todos lo hacen”, “es que a lo mejor mentir no es tan malo”, “para qué vamos a hacer más si solo eso nos están pidiendo”, “hagámoslo no más, si nadie se va a enterar”, “solo será esta vez, después no lo hacemos más”, “es una mentira pequeña no más” y tantas otras frases que reflejan que hoy el sentir del pueblo es hacia un camino totalmente equivocado, donde la gran mayoría se rige por lo que los demás dicen y lo que suele sonar más “inteligente” o “astuto”. Generalmente estas “cosas inteligentes” que otros hacen, que en realidad distan mucho de ser inteligentes, tienen que ver con engaños, acciones mediocres, fraudes, irresponsabilidades, chantajes, abusos, faltas de respeto hacia los demás, injurias, falacias, e incluso, delitos que no son considerados como tales. Pero la gente las hace porque los resultados son, a vista de ellos, buenos y las acciones son dignas de personas audaces, astutas, despiertas e inteligentes. ¡Qué gran estupidez!

Lamento informarles que esa es la sociedad que hemos construido. En ese punto estamos, y no hemos hecho mucho por corregirlo.

Espero que muchos de los que están leyendo estas líneas, se identifiquen con mi malestar, y vean, al igual que yo, que esa no es la sociedad en la que queremos que vivan nuestros hijos. Ni mucho menos queremos que nuestros hijos caigan en esas mismas estúpidas e irresponsables actitudes.

En nosotros está la responsabilidad de cambiar esto. Partiendo por volver a respetar como se merece cada uno de los valores que nos han enseñado nuestros padres. Es necesario que todos comiencen a guiar sus vidas según el cumplimiento de estos valores. Es necesario entender que necesitamos hacer que mucha gente entienda su importancia y la importancia de no conseguir todo de manera fácil y a través de engaños.

He titulado este artículo como “La Escuela de los Valores” porque creo que es necesario soñar con crearla, para que nuestros hijos asistan a ella y aprendan con toda la rigurosidad necesaria cada uno de los valores y los apliquen a la vida diaria, aprendan a respetarlos y los adopten como estandartes en la batalla por mejorar la nación.

La verdadera base que tenemos que construir para que nuestro país sea el que queremos para nuestros hijos es una base de formación valórica, la que debe partir en el hogar y debe continuar en los colegios y universidades. Necesitamos un real cambio en la educación, pero no solo hacia lo técnico o profesional, sino que debe ser, en primer lugar, hacia lo humano e integral. El mundo de hoy requiere de personas íntegras, confiables, honestas, justas y respetuosas con los demás y con nuestro planeta.

Necesitamos enseñar valores. Necesitamos vivir de ellos. Necesitamos que esto se propague con la efectividad de un virus de computadora. Necesitamos que más y más gente lo entienda. Necesitamos que esto sea parte de todos los programas y campañas políticas. El Chile que soñamos solo se logrará con un cambio completo de mentalidad, que no va a ocurrir si no se parte con los niños y con los padres de esos niños. Tampoco ocurrirá si no es adoptado como algo institucional y nacional. Necesitamos un Chile que proclame hacia todas sus tierras los valores sobre los cuales desea existir. Necesitamos mostrarle al mundo que somos una nación de valores profundos y no transables.

La Escuela de Valores está abierta a todo tipo de personas, no hace distinción de ningún tipo, solo recibe a quienes de verdad desean aprender y cambiar sus vidas para siempre. La Escuela de Valores otorga un diploma necesario para desempeñar cualquier cargo público, y no se aceptan excepciones.

Por favor, los invito a reflexionar sobre esto. Los invito a detenerse y pensar de qué lado están, de qué lado quieren estar y de qué lado quieren que estén sus hijos y nietos a futuro. Los invito a pensar cómo sería el mundo si nos respetáramos como es necesario, si nos apoyáramos como es necesario, si nos comportáramos como personas conscientes de nuestra existencia y de nuestra interacción con la sociedad que nos rodea, si nuestros pensamientos y acciones se basaran en no transgredir, desde ningún punto de vista, ninguno de nuestros valores, pase lo que pase.

¿Les puedo decir algo? No es tan difícil. No es tan lejano. No es para otras personas.

Se puede. Siempre se puede. En el interior de cada uno de ustedes está el cómo hacerlo.

Saludos a todos.
(Revisión: Francia Albornoz)

No hay comentarios.: