marzo 19, 2006

Bushido: El Camino del Guerrero

Bushido era el código de vida para los samurai del antiguo Japón hasta la década de 1870. Su legado está plasmado en la cultura japonesa hasta nuestros días y está influenciado por el Zen y el Confucionismo.

He querido citar algunos de sus principios para compartirlos con ustedes y reflexionar sobre ellos en nuestros días.


GI - Honradez y Justicia

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.

Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.

Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

YU - Valor Heroico

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.

Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.

Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

JIN - Compasión

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.

Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

REI - Cortesía

Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.

Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

MEYO - Honor

El Auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.

No puedes ocultarte de ti mismo.

MAKOTO - Sinceridad Absoluta

Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.

No ha de "dar su palabra." No ha de "prometer." El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.

Hablar y Hacer son la misma acción.

CHUGO - Deber y Lealtad

Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.

Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.

Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

Cuidado con el camino que sigues.

marzo 11, 2006

Quiero Gritar

Sólo quiero encontrar la forma
de expresar mi rabia, mi dolor
provocados por la falta de pasión
por la falta de creencias
por la falta de visión, al interior
a lo profundo e importante de la gente
a sus necesidades y esperanzas
a sus sueños, deseos y anhelos

Quiero gritarle al mundo lo que soy
lo que quiero, lo que siento y lo que espero
de la gente, de mi mundo de la vida en convivencia
del corazón, la razón, la verdadera inteligencia
de vivir en paz, con amor, con perdón
con devoción hacia lo elemental
lo esencial, lo humano, lo espiritual
hacia el interior del sentir con pasión

Quiero que se escuche mi voz
mi mensaje de valor, de fuerza
de esperanza, de sentimiento, del corazón
hablo hacia las razas, las fronteras, las estrellas
donde sea que se requiera
un cambio, una razón, una señal de amor
ahí estaré, o estará esta canción, para todos
quienes crean en la armonía de vivir en alegría

Únete a mi canto, mi pasión
mi anhelo de un mundo mejor
un deseo, un sueño, un sentimiento
del corazón, del interior, de mis venas
de una vida junto a la de ella, junto al sol
reunamos nuestras fuerzas, bailemos sin parar
celebremos nuestros logros, con honor
con valor, con sabor y felicidad eterna.

marzo 04, 2006

Repudio.

Quiero expresar mi sentimiento de repudio frente a la mala educación o poca conciencia y responsabilidad de algunas personas con el cuidado del entorno en el que vivimos como sociedad. Normalmente estamos viendo en la prensa, ya sea escrita o en la televisión o en Internet, noticias sobre el daño al medio ambiente que puede que causen grandes empresas o proyectos. Sin embargo, cuando se trata de nosotros mismos, muchas veces no vemos como también, en alguna medida, contribuimos a no cuidar el entorno que nos rodea.

La conciencia de cuidado del medio ambiente, parte con nosotros como personas, con actos como el no tirar la basura en cualquier parte, clasificarla, intentar la reducción, reutilización y el reciclaje de muchas de las cosas que usamos, mantener limpios y ordenados los espacios urbanos que usamos día a día y por último, en lo posible ayudar a crear conciencia sobre el cuidado tanto del medio ambiente como de los espacios públicos que diariamente visitamos o utilizamos.

Quiero intentar transmitirles, el sentimiento que me dejó hoy una situación común y corriente que presencié, y que siendo así de común y corriente, me dejó un sabor amargo y un sentimiento de desagrado que me ha hecho pensar por un buen rato.

Mientras caminaba por una de las estaciones del Metro de Santiago, una pareja de jóvenes estaba sentada en la escalera de acceso a la estación, fumando y conversando. Lo primero que pensé, es que no se puede fumar en lugares cerrados como las estaciones del Metro, pero seguí mi camino. A poco andar, ella se pone de pie, bota el cigarrillo en el suelo de baldosas, y lo apaga poniendo el pie encima. Luego toma de la mano a su pareja y se van. En ese mismo instante, en que miraba la colilla del cigarrillo en el suelo, a mi lado alguien murmura con un suspiro con algo de rabia “y recién había terminado de limpiar”. Me di vuelta y me encontré con una persona bastante mayor de edad, con cara de tristeza, y de no tener esperanza, y que me miraba como pidiéndome una explicación. Sus ojos, lo decían todo, fue como que con su mirada me revelara todo el esfuerzo que hace día a día para, a su edad, mantener su trabajo de aseo de la estación, con esos pasos lentos y cansados, con el reflejo de cargar en su espalda toda una vida, sufrida y sacrificada. Sólo atiné a mover la cabeza con un gesto de desprecio a lo que había visto, y luego, di una mirada a la estación. Un pasillo muy largo se mantenía impecable, brillante, limpio, agradable, todo el resto de la estación presentaba el mismo aspecto. Sólo en ese momento, me di cuenta del gran trabajo que hace el personal de aseo del metro. Cuando ves actos como los de esta pareja, que teniendo un basurero a menos de 10 metros de distancia, sin importar nada, sólo bota al suelo su colilla de cigarro y se va, sin más, sin un ápice de culpabilidad, sientes que algo no está bien.

Para algunas personas como yo, ya es desagradable tener que aspirar el humo del cigarro de otra persona que sin ningún respeto ensucia el aire que es algo común a todos, como para más encima tener que soportar que con el mismo cigarro ahora se ensucien los espacios comunes al tirarlos al suelo sin ninguna conciencia.

Me sentí mal, por el pobre anciano que se devolvió con todo su esfuerzo a recoger la colilla, y me dio rabia. Creo que actos como este no sólo reflejan una mala educación, si no que también, una gran falta de respeto, a las personas cuyo trabajo es mantener el aseo día a día de los espacios públicos que todos utilizamos y de los cuales todos somos responsables por su cuidado y mantención como ambientes agradables, y falta de respeto también a todos quienes vemos estos actos de inconciencia y por último a todos quienes luego pasamos por frente a los desperdicios.

Creo que antes de sumarse a las campañas en contra de los grandes proyectos de innovación y desarrollo o de las grandes compañías multinacionales, deberíamos mirarnos a nosotros mismos y ver si realmente estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para ayudar a mantener el medio ambiente. Es algo que se conoce como ser consecuente, consecuente con nuestro discurso y partiendo por nosotros mismos.


Los llamo a hacer una reflexión, y en la medida que puedan, seguir contribuyendo al cuidado de nuestra tierra y a la creación de conciencia de respeto hacia las personas, las profesiones, la sociedad, nuestros espacios públicos y hacia nosotros mismos.

marzo 02, 2006

Un sol en tu ventana

Esta letra la escribí hace varios años y es parte de una canción que compuse en un momento difícil de la vida.

Un sol en tu ventana


Creías que todo estaba ya en su fin
y soñabas que las cosas algún día irían mejor
la vida, la vida nunca una mano te tendió
pero dime si esto acaso no es una buena razón

para seguir luchando, para seguir viviendo
para buscar tu misma el camino más correcto
para probarle al mundo que ya puedes fijar tu rumbo

porque quiero verte sonreír

Busca hacer las cosas siempre mejor
y si caes levántate, eres ganador o perdedor ?
hay un mundo, hay un mundo afuera que espera un triunfador
hay personas, hay personas que sin ti jamás estarán mejor

se que grises son tus días
crees que ya no hay salida

abre tu ventana y estaré ahí

Recuerda que cada segundo cuenta en tu vida
y el tiempo es acaso algo que no se olvida
el sol saldrá una vez más por tu ventana
y el cielo un celeste-azul mostrará un nuevo mañana

búscame si es que a alguien necesitas
y estaré a tu lado en seguida

abre tu ventana y mira el sol.


(del álbum "Soles de Color" del año 1998)

febrero 28, 2006

Vacaciones de vacaciones

Aquí estoy, de vuelta en la vida urbana, agitada, estresada, veloz, con sus miles de vehículos, personas, trámites… de vuelta en Santiago de Chile, después de unas excelentes pero cortas vacaciones. Y sólo queda el recuerdo. El recuerdo de esos días de sol, de playa, de carrete eterno, de hermosos paisajes, de descanso absoluto para la mente… de mujeres hermosas, de los famosos team de chicas de sueños. Un par de días fuera de Santiago y siento que he rejuvenecido, que me abrieron los ojos y me dijeron “Hey! hay más mundo acá afuera!”. A lo mejor es sólo porque me acerco a los 30 y sólo quiero vivir al máximo mis últimos días de 20.

Normalmente, al menos a mi me pasa, cuando vuelvo, vuelvo lleno de reflexiones. Reflexiones de la vida que llevo, y de cómo debería ser. Reflexiones sobre porque no conocemos muchos más lugares, más personas, de porque no tenemos muchas más aventuras, y tomamos más riesgos. También lleno de recuerdos, de esos días que queremos vivir siempre, porque el trabajo del año entero nos tiene destrozados, junto con la rutina, y el imparable ajetreo de vivir en la capital.

Vacaciones, eso que todos queremos, eso que anhelamos con tantas ganas que a veces dejamos demasiado en alto lo que esperamos de ellas, pero otras veces, nos sorprende. A mi, personalmente la vida me sigue sorprendiendo cada vez que conozco nuevas personas, nuevos lugares, nuevas culturas. Que ganas de viajar por todo el mundo y conocer miles de lugares, miles de culturas y documentar todo para luego intentar disponerlo a muchas otras personas que a lo mejor en ese momento no pueden viajar.

Vacaciones, el descanso merecido, para la salud, para la mente, para el alma. Este año hice algo distinto, y me sentí de 18 otra vez, en esa edad donde lo único que importa es pasarlo lo mejor posible. ¿Será que la juventud puede ser eterna? Es divertido ver como uno pasa de la ropa más cerca de lo formal a lo absolutamente informal, de los colores pavos o grises a los fuertes y múltiples. Mi piel se trae el recuerdo del sol, mi rostro, trae unos diez años menos, mi alma, otros pensamientos y otro norte.

Vacaciones, y a lo mejor, el comienzo de una nueva etapa en mi vida, al menos la energía y las ganas las traje… del sol y de la playa.

Puede que exista sólo una cosa mala de todo esto, por supuesto, el regreso al trabajo. Y después de andar tanto, uno también llega un poco cansado de las vacaciones. Falta como un período intermedio entre que llegas de vacaciones y entras a trabajar. Para mí, este período se podría llamar vacaciones de vacaciones. Eso necesito ahora, un poco de no hacer absolutamente nada, y mentalizarme en poder volver con todas la energía necesaria al trabajo, el que, después de todo, nos permite año a año, volver a salir de vacaciones, abrir nuevamente los ojos, emprender el vuelo y llegar hasta donde queramos, sin pensar en nada más que en descansar y vivir la vida como realmente se debería vivir.





Saludos a todos.

febrero 10, 2006

Ángeles, un detective y ella. (Continuación)

Capítulo III: The Mukies (Continuación)
* * * * *
Durante los años que estuvieron juntos, Paul y Annie vivieron momentos de mucha felicidad y otros de mucho dolor, principalmente porque su relación los unió de una forma sentimental muy profunda. Ambos en el momento que se conocieron lo necesitaban, por un lado Paul estaba encerrado entre ensayos y trabajos en los estudios de grabación, y Annie, estaba intentando reformular su vida. Rápidamente se complementaron bien, tanto ellos como su estilo de vida. Sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, Annie fue conociendo el lado más interno de Paul, y éste, as u vez, fue siendo testigo del cambio por el que estaba pasando Annie. Se juraron amor eterno, se pelearon una y mil veces, se odiaron muchas veces, sufrieron por sus constantes separaciones, y finalmente, decidieron darse un tiempo, alejados, para cada uno replantear sus vidas.

En el tiempo en que estuvieron separados, Annie consiguió entrevistarse con Rod varias veces, y alimentaba su soledad con la compañía de Rod y sus conversaciones sobre la revolución. Paul por su lado, con la banda había decidido volver a dar un concierto en vivo, el esperado retorno, el encuentro definitivo entre el pasado y el presente, entre la lucha y la paz, entre el silencio y el grito de libertad.

The Mukies había ya vendido la totalidad de las entradas al concierto a la semana que éstas se pusieron en venta. Aún así, nadie comentaba que asistiría. Toda la cuidad esperaba silenciosa que una guitarra quebrara la tranquilidad y volviera a agitar el aire ya estancamiento que se vivía nuevamente. Era como si el tiempo, por un gran instante, se hubiera detenido y sentado en una silla, a mirar un reloj que pasaba lentamente los días y horas antes del concierto.

Aún no se conocía su nuevo trabajo, no había sonado ninguna canción nueva en las radioemisoras, y aún así, las entradas estaban agotadas. Los integrantes del grupo sabían que debían en algún momento de la noche tocar esas viejas canciones de 10 años atrás, y también sabían que tipo de personas estarían esa noche en el concierto. Personas que como ellos habían madurado y crecido en un ambiente de lucha, y ahora de paz.

The Mukies se convirtió en un mito principalmente debido a que en sus años de ausencia durante la revolución, otras bandas mucho más radicales, hicieron covers de sus temas y los hicieron sonar una y otra vez. Cada una de esas bandas desapareció tan rápido como apareció, sin embargo, las canciones de The Mukies pasaba de banda en banda, de voz en voz, de persona en persona, como una forma de aliento e himno de lucha.

Paul nunca las escribió pensando siquiera que fuera a existir una revolución, pero ahora, diez años más tarde, nuevamente creía que algo más fuerte que él las hizo salir de su mano, palabra por palabra, línea por línea, canción por canción.

- ¿Quién es? – preguntó Paul antes de abrir la puerta.
- Soy yo, Annie – Sonó una voz un poco tímida desde afuera.

Paul abrió la puerta y se quedó un rato paralizado mirándola. A pesar de todo, seguía encandilándose con su belleza, siempre que la veía, era como ver estrellas, y cada vez que sus ojos miraban los de ella, perdía la noción del tiempo.

- ¿No me vas a invitar a pasar? – dijo Annie esta vez un poco más segura de sí.

- Claro, lo siento, pasa, te estaba esperando – Paul era esta vez quien estaba un poco inseguro.
- Paul, no empieces con esas cosas, sabes que me asustan – Annie no era tan creyente de lo espiritual como Paul, y prefería no tratar de explicarse ciertas cosas difíciles de entender.
- Lo siento, es que me acordé de ti esta tarde y supuse que… no es nada, no te preocupes. ¿Qué te trae por aquí? – Paul se quedó en silencio, Annie lo miró un momento y luego hizo un gesto para cambiar de tema.
- Escuché que vuelven a tocar en vivo el próximo mes, y te venía a felicitar por eso – Annie cruzaba una sonrisa por su cara con cierto aire a inocencia, típico de ella cuando quería ocultar algo más sobre sus intenciones reales.
- Gracias, es algo difícil, pero creemos que es el momento, desde ahora no hay marcha atrás,
- Suenas a condenado – dijo Annie riendo.

Paul sabía todo lo que encerraba la vuelta de The Mukies y lo que podría provocar si algunas de esas miles de personas no había madurado lo suficiente para entender que sus canciones ya no representaban lucha o rebelión.
- ¿y tú que has hecho en este tiempo? – preguntó Paul.
- He estado ocupada con mi investigación sobre la revolución, creo que estoy cerca de terminarla, además conocí a alguien que la vivió muy desde dentro que me ha aportado datos muy concretos sobre los episodios más importantes. Creo que con estos antecedentes ya podré publicar una primera parte, conseguí una revista que la publicará un extracto en unas dos semanas más.
- Eso es genial!
- Gracias, ya se que soy genial – Annie ahora definitivamente había recuperado su confianza y comenzaba lentamente a asumir su típica actitud de mujer que se sabe interesante y atractiva, y que tenía por delante a quien le interesaba.
- ¿Quieres algo de tomar? – Paul preguntó sabiendo en ese momento que no asistiría a la casa de Maurice. Aunque recordaba por que había acordado con Annie darse un tiempo, no podía resistirse al encanto de ella, sobre todo después de que había pasado un largo tiempo en que no se veían y ahora, ella con la mirada nuevamente lo paralizaba, lo hipnotizaba y hacía que su estómago se revolviera sin razón alguna. Él sabía que cuando Annie quería algo no había forma de resistirse a ello, y sabía también que ella no se resistiría a él.
A la mañana siguiente, una llamada de teléfono los despertó tempranamente.
- ¿Diga?… Maurice hola como estás… sí, sí… lo siento, surgió algo no previsto… ¿por qué lo dices? … ahh, siempre lo mismo, ok … sí, le avisaré, graicas …. Ok, nos vemos en el ensayo más tarde, adiós.
- ¿Qué pasó? – preguntó Annie, suponiendo que ella estaba involucrada.
- Era Maurice, que se encontró con tu padre y le preguntó si estabas conmigo, está buscándote desde anoche.
- Es hora de irme – dijo Annie.
Ambos se miraron por unos segundos como queriendo decir algo más, sin embargo el paso de los segundos en silencio sólo provocó una reacción de querer escapar de la situación. Annie se vistió rápidamente y entró al baño a arreglarse.
Paul se quedó mirando el techo de la habitación por un rato sin reaccionar. Pensaba siempre en lo mismo, en porque no podía decir ciertas cosas con la fluidez con la que escribía. Quería decir algo más a Annie, pero se sentía un poco incomodo por la situación, si bien es cierto eran felices cuando estaban juntos como la noche anterior, también sabía que aún habían temas pendientes que debían al menos conversar. Paul hubiera preferido que Annie hubiese roto el silencio en ese momento, pero tampoco lo hizo y eso lo había frenado un poco.

- ¿A dónde vas? – Preguntó finalmente Paul.
- Voy a ver a Rod, él es la persona que te comenté que me está entregando antecedentes sobre la revolución. - Annie gritó desde el baño.
- ¿Quieres que te lleve?
- Bueno, si quieres – Annie sonaba tan fría como las últimas veces que estuvo con Paul antes de que se separaran.

Cuando llegaron a las afueras de la oficina de Rod, este llegaba en el mismo instante.

- Rod! – Gritó Annie.
- Hola Annie – dijo Rod con voz ronca como de resaca.
- Rod, te presento a Paul, el guitarrista de The Mukies
- Un gusto en conocerte – dijo Rod sin mostrar impresión alguna.
- Igualmente, supe que estás ayudando a Annie con su investigación – dijo Paul mostrando cierto interés por la respuesta que daría Rod.
- Sólo estoy contando una vieja historia, que preferiría olvidar.
- Supongo entonces que no apruebas que volvamos a tocar – dijo Paul como tratando de buscar un punto de discordia entre ellos.
- No creo que sea el momento, pero de todas formas iré al concierto – dijo Rod mirando fijamente a los ojos a Paul, como si pudiera con su mirada hacer entender su sentimiento respecto a la revolución y a las canciones de The Mukies.
- Genial! Entonces iré contigo… si no te molesta claro – dijo Annie a Rod
- No hay problema – dijo Rod pensando hacia si mismo, siempre y cuando no te tenga que salvar otra vez.
- Bien entonces, los dejo, un gusto en conocerte Rod, por favor cuida bien a Annie mientras no estoy – Paul intentó dejar claro a Rod que no había espacio para nadie más entre el y Annie.
- Será un gusto, te espero arriba Annie – Dijo Rod y se despidió.
Annie miró a Paul un rato como pidiendo una explicación, pero antes de decir nada se contuvo, se despidió de él con un beso tranquilizador y subió a seguir con su trabajo.

Mientras Paul iba hacia el ensayo, no podía dejar de pensar en Rod. Su rostro, su forma de hablar y su apatía le eran muy familiares, sin embargo no lograba encajarlo en episodio alguno de su vida. A lo mejor sólo eran celos, pero Paul siempre caía en pensamientos con explicaciones más allá de lo normal y lógico, sobre todo en situaciones como esta donde algo le hacía pensar que no se habían conocido porque sí, si no que por alguna razón que sólo el tiempo les iba a revelar, tanto a él como a Rod.

febrero 08, 2006

Puede ser (o no ser)

Puede ser, o no ser
como nubes en el cielo
como olas en el mar
como tu voz a lo lejos
como miradas al pasar

Puede ser, o no ser
siendo mi vida tu vida
siendo tu amor mi amor
siendo tuyos mis latidos
siendo todo una ilusión

Puede ser, o no ser
lo que quieres que no sea
lo que quiero de tu amor
lo que une lo lejano
lo que llega sin saber

Puede ser, o no ser
sólo se que no es peor
no saber que no entender
no decir que no hacer
no esperar que no amar, de verdad.

febrero 05, 2006

Ángeles, un detective y ella. (Continuación)

Capítulo III: The Mukies


Si alguien conocía bien la historia de The Mukies ese era Paul, su guitarrista y fundador. Paul era más bien introvertido, de pocas palabras y aparentemente normal, muy difícilmente se le hubiera relacionado con la fama y el éxito que experimentó la banda antes de la revolución. Su carácter más bien impredecible y apasionado, tomaba como centro el idealismo, la voluntad y el compromiso. Paul era quien escribía las letras de la banda, y dejaba mucho que ver en ellas sobre el mismo. Su personalidad, preocupaciones y emociones estaban plasmadas en las letras de las canciones, y en los años de fama, llegaron a representar a muchos jóvenes que no estaban conformes con lo que sucedía a su alrededor.

- Hey Paul, Paul! – Gritaba el manager del grupo, mientras Paul estaba como en las nubes. Paul había presentido que algo había sucedido. Si bien Paul y Annie estaban peleados, ello no quitaba que Paul siempre presintiera ciertas cosas. Esto era algo especial en Paul, y le ocurría generalmente con las personas que estaban más cercanas a él y con las que tenía una relación más íntima. Constantemente lo acechaban sueños sobre el futuro que en un principio no comprendía, pero que con el paso del tiempo, fue asumiendo, sobre todo porque mientras más fue creciendo esos sueños se fueron tornando más reales y fueron antecediendo sucesos de su vida real, como si alguien intentara contarle un cuento sobre su vida, mientras dormía. Paul fue poco a poco escondiendo lo que le sucedía y encerrándose en su mundo que estaba reforzado de forma excesiva por lo espiritual.

- ¿Irás con nosotros a la cena?
- No creo sentirme bien – dijo Paul haciendo un gesto de incomodidad y mirando luego al cielo.
- Vamos!, sabes que esta noche vendrá Sandra y seguro que quiere verte.
- No lo se – dijo Paul con cara de preocupación, como si hubiera recibido una mala noticia.
- OK, vete a casa, cámbiate de ropa, relájate y nos vemos en mi casa – Maurice había sido manager de la banda desde su reagrupación hacía ya unos meses y había conseguido establecer un vínculo más cercano con Paul. Maurice creía que Annie no era la mujer que debía estar con Paul, por eso se empeñaba en que Paul conociera a otras mujeres.

Pero Paul ya no era el mismo, de hecho, pensaba que la banda tampoco era la misma que hace 10 años. Había cambiado la situación, la presión social y política, la sociedad ya no clamaba por los ideales de una década atrás. Paul sabía esto, el mismo ya no escribía sobre lo mismo. Sus temas habían pasado de gritos idealistas y confrontacionales a temas mucho más espirituales, complejos y profundos.

El movimiento que generó la banda, involuntariamente durante la revolución, fue algo que motivó a Paul y al resto de sus integrantes a dejar de tocar, principalmente debido a que pasaron a ser personas representantes de la lucha, y fueron perseguidos, interrogados, criticados y muy observados durante mucho tiempo. Tiempo en el cual la banda maduró, musical e ideológicamente.

La apuesta de la banda ahora, era expresar su nueva postura, arbitraria, pragmática, atemporal y sobre todo de cuestionamientos más allá de lo social, de la mano con los sentimientos de Paul, sobre sus sueños y sobre pequeños episodios que fueron construyendo su mundo después de la revolución. Estos episodios, aunque muy aislados, lo confundían, y no podía darles una explicación más coherente que la que ahora tenía. Paul explicaba alguno de ellos a través de su fama, él decía que el ser alguien famoso hacía que muchas personas se le acercaran diciéndole que sabían sobre su futuro, sobre lo bueno y lo malo que le sucedería, pero él, sabía en el fondo que eso no era suficiente como explicación para sí mismo.

Paul recordaba como a medida que fue escribiendo las letras de sus canciones, éstas, como por arte de magia se fueron relacionando unas con otras para terminar dando un sentido coherente con el tiempo y con la situación diez años atrás. Él sabía que en parte era el juego propio de su inconciente, pero también, no podía sacar de su cabeza el hecho de que en su mente habían muchas piezas de un complejo rompecabezas que no podía ser ciento por ciento invención de su creatividad. Algo le hacía pensar que había algo superior a él que estaba intentando decirle algo, o llevarlo hacia un destino que parecía ya escrito y cuya fuerza era imposible de evitar. Había sido tanto así, que siempre volvía a su memoria ese sueño, donde ese hombre casi angelical le decía “Paul, no huyas, ya sabes que no estás solo en este camino, sólo sigue adelante”.

Esa noche, mientras estaba en su casa ya solo, y se preparaba para salir a casa de Maurice, volvió a tener el mismo sentimiento que tuvo unas horas atrás. De pronto, alguien golpeó a su puerta. Paul sintió que su corazón comenzó a latir más rápidamente, su labios se secaron, y su estómago se contrajo varias veces. Él sabía que sólo una persona podía provocarle eso. Dudo algunos segundos, y luego se acercó a la puerta.

enero 22, 2006

Comentario sobre el cuento que estoy relatando.

Ángeles, un detective y ella, es una
historia se ha ido publicando a medida que la voy escribiendo. No conozco la
historia completa, ni mucho menos en que va a terminar. Cada capítulo se escribe
sin ninguna pauta a seguir ni idea vaga de que debe contener. Esta historia es
completamente experimental, por lo que las fechas de publicación entre capítulos
es desconocida también para mí.

Si esta historia de alguna forma
les interesa, pueden enviarme sugerencias sobre los personajes, su
comportamiento, hechos relevantes que deban ocurrirles, o sobre la historia
misma, finales, capítulos o lo que realmente se les ocurra que deba contener.

No prometo incluirlo todo, pero sí al menos leerlo y considerar
las partes que crea aportan al desarrollo de la historia.

Para
quienes sólo la leen, también agradezco esto como colaboración, y si sólo
quieren expresar su opinión al respecto pueden escribirme también al correo
indicado en mi perfil.

Saludos.

Ángeles, un detective y ella. (Continuación)

Capítulo II: La hija del Teniente Hurber (Continuación)
* * * * *
Annie era de tez blanca, y sus ojos color miel se asimilaban a ciertos tonos en su cabello entre rubio y castaño claro que iban entremezclándose azarosamente en ondulaciones que jugaban desde su cabeza hasta bien avanzada su espalda. Casi de aspecto angelical, poseía una belleza que armonizaba con su esbelto cuerpo más bien delgado pero perfectamente proporcionado. Generalmente cruzaba una sonrisa de extremo a extremo en su rostro aparentando estar siempre feliz y tranquila, cosa que contradecía con su alocado estilo de vida.

A medida que fue creciendo, fue cambiando la seguridad de su hogar por la aventura y la experimentación. Su desarrollada inteligencia empujaba su ímpetu de querer siempre llegar más allá, y dominaba su forma de aprendizaje basada en la experiencia propia para comprobar todo lo que le decían. Annie recibió una buena educación, y en su niñez, disfrutó de un hogar bien conformado por su padre, su madre y ella. Sin embargo, su madre con los años enfermó y murió cuando ella tenía 17 años. De ahí en adelante, el dolor y sufrimiento de la partida de su madre había reforzado aún más el lado extremo de Annie, llevándola a vivir una vida más audaz, atrevida y experimental.

Muchas cosas no estaban claras para Annie sobre la muerte de su madre y algunos episodios relacionados antes y después de ella. Las explicaciones vagas de su padre se contradecían y no presentaban relación alguna con los hechos, los que Annie tomaba como base para cualquier explicación de las cosas. Lo anterior, había producido en Annie cierto sentimiento encontrado sobre su padre, extremadamente duro y sobre protector en algunos casos, pero en otros lo veía como alguien incapaz de explicar o al menos hablar de temas que producían mucho dolor.

Annie había estudiado historia en la universidad de Marchín, pero nunca había ejercido la profesión desde su regreso a Hanni, sólo había escrito algunos artículos sobre la revolución que ninguna editorial, o medio estuvo dispuesto a publicar, sobre todo por el hecho de estar escrito por alguien que no participó en ella ni aparentemente, entendía de su trasfondo. Sin embargo, para Annie estas objeciones a su trabajo reforzaban su interés sobre el tema.

La madre de Annie algunas veces se refirió a la revolución como una etapa de su vida que prefería olvidar, pero nunca habló de ella como algo innecesario, o malo como lo hacía su padre y todos quienes ella conocía y estaban vinculados con la policía o el gobierno. La madre de Annie jamás profundizó sobre el tema, y eso hacía a Annie sospechar sobre la verdadera relación de su madre con la revolución. Si su padre había estado en medio de la revolución, su madre también debía haberlo estado, era casi imposible que sólo hubiera observado desde una ventana como pasaba todo. Al menos, eso pensaba Annie.

Cuando Annie conoció a Rod tenía 28 años, al menos sus últimos 5 años habían estado llenos de perturbación provocada por los constantes artículos publicados sobre ella y su vida fuera de lo normal para una ciudad que había vuelto a convertirse en ultra tradicionalista y muy recatada. En el último año, Annie había comenzado a cambiar las fiestas por los libros, una investigación más profunda que la tenía bastante ocupada y el amor.

Annie llevaba tiempo en una relación complicada con el guitarrista de la banda de rock The Mukies. La banda había llegado a convertirse en una de las más importantes antes de la revolución, y había visto truncar se éxito con la llegada la guerra civil, fecha desde la que no habían vuelto a tocar. Ahora, 10 años después, se volvían a reunir para dar un concierto en el que presentarían su definitivo retorno.

- ¿Aló? ¿Annie?... Sí, soy yo… jajaja… yo bien, ¿cómo te has portado tú bruja? Mal supongo… jajaja… estás creciendo parece… jajaja… oye no sabes que lo que me acabo de enterar, la banda vuelve a tocar, dicen que darán un concierto a fines de Marzo… a lo mejor por eso Paul ha estado tan distante, puede que no te haya querido contar porque era una sorpresa… no se… ya… ya… nos vemos entonces, chao. -

Marie era la mejor amiga de Annie, y conocía los pormenores de la compleja relación que llevaba con Paul. Si bien la aprobaba, había algo que no le gustaba, podía ser que ella también estuviera interesada en Paul, o que había algo misterioso en él, sin embargo el sentimiento encontrado la hacía no poder ver las cosas claras.

Cuando Annie recibió la noticia se encontraba en su automóvil camino a su casa, rápidamente buscó entre las radioemisoras la noticias, un pálpito acelerado dominaba su corazón junto con un sentimiento entre ansia por confirmarlo, alegría porque podía existir un motivo para la distancia que había puesto Paul entre los dos, y resentimiento porque pensaba que entre los dos no habían secretos.

- Esta es KM9 stereo tu compañía de verano, así es, acabamos de confirmar que The Mokies, luego de 10 años se reúnen para volver a tocar en el Palacio de las Estrellas, a fines del mes de marzo. Este es un hecho realmente histórico ya que…. – Comentaba un locutor de un programa radial. Annie mientras escuchaba pensaba en un reencuentro con Paul, e imaginaba las mil situaciones que este podía tener, tratando de ajustarla con lo que ella soñaba. Pero también sabía, que Paul no era de los interpondría un concierto a su relación amorosa. Annie seguía creyendo que había una razón de fondo para que las cosas no estuvieran funcionando bien. Y es que nunca funcionaron del todo bien, pero nunca perdía la esperanza de que mejoraran.

Annie había conocido a Paul en una fiesta, y en ese entonces no sabía mucho de la banda, sólo había escuchado algunas canciones pero no las asimilaba con el éxito y trayectoria del grupo de rock. Tampoco había seguido muy de cerca su carrera ya que en los tiempos de fama de la banda ella era aún muy niña y escuchaba la música que escuchaban los chicos de su edad. Paul era diez años mayor que Annie, y tenía la misma edad de Rod.

Para Rod también fue una buena noticia, si bien no conocía la relación de Annie con The Mukies, había sido en su juventud antes de la revolución un admirador de su música, sobre todo por las temáticas de sus letras, en las que veía una intención clara de sentimientos de cambio. Rod había estado en más de un concierto y se había empeñado en comprar algunos de sus discos. Los cambios de los que hablaban las letras de las canciones fueron fuente inspiradora de muchos jóvenes como Rod, y luego, en los años de la revolución misma fueron convertidas en himnos de lucha y esperanza.

El retorno de The Mukies representaba para muchos hacer presente el recuerdo de años guerra civil, por lo que preferían, a pesar de haber sido fervientes admiradores de la banda, no hablar del tema ni tampoco externalizar sus sentimientos de nostalgia por esos años, donde los ideales, los sueños y los deseos de lucha por una vida mejor, dominaban los espíritus de muchos jóvenes que veían como la vida se les pasaba sin ofrecer las oportunidades que tanto deseaban y buscaban.